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lunes, 9 de abril de 2012

Entre relójes y mensajes

La serendipia es viral, cuando encuentras una, esta estimula a la vez una alerta en la mente y ella hacer que encuentres más, esto es gracias a un efecto modélico de las estructuras fractales, pero de ello hablaré más bien en el blog técnico, porque creo que tiene más bien que ver con las estructuras urbanas.
Hoy he venido a contar que una serendipia me ha llevado a encontrar una metáfora que a manera de oráculo se me ha dejado leer, es esta:
los relojes siempre han sigo un objeto importante en mi vida.  El origen de ese significado creo que se lo debo a mi padre, en cierta medida.
Cuando era niño, me regalaron uno.  Barato, cualquier cosa, pero que desde que lo tuve, a los 5 o 6 años, no me lo saqué hasta que pude tener uno nuevo.  Este segundo, ya digital, pues el primero era de cuerda,  me duró casi hasta terminar la adolescencia.  Mientras tanto, siempre mantuve un determinado celo con mi hermano, pues él se hacía acreedor de los relojes de mi padre, cada vez que este decidía cambiar.  Así desde muy pronto siempre tuvo el privilegio de usar uno más significativo que otro;  Y digo significativo, porque no necesariamente eran lujosos ni caros.  A día de hoy creo que fundamentalmente eran simbólicos.  Era el reloj de Papá. El que nunca lo tuve.  Pasado el tiempo, el reloj, el símbolo, en mí fue tomando valor y forma.  Un Swiss Army, fue una de mis adquisiciones más importantes.  Yo solía contar que llegó a mi relacionado con uno de mis primeros sueldos después de acabar la carrera.  Pero ahora ya casi 20 años delante, entiendo que no lo hubiera tenido de no ser por una persona que en ese momento representó el retorno a mi centro,  un día que me perdí, esa persona marcó el momento en que volví a estar conmigo mismo y ese reloj desde entonces ha tenido ese significado para mí.  Mi yo antiguo, cuando logre volver a mí.
Días antes de dejar mi País mi padre un poco en broma y un poco en serio decidió darme lo que varias veces habíamos discutido que era la herencia que yo quería.  Sus libretas de calificaciones, su calculadora mecánica y Él decidió incluir algo más.  Era su reloj de oro, el más querido y más preciado, un Omega automático, que a día de hoy siento que es mi conexión con mi identidad original, aquella de la que queda mucho pero sigue cambiando.
Días antes de casarme, mi mujer me regaló un reloj que no me gustó para nada, era totalmente gris metálico y brillante, conceptos que siempre los he considerado antagónicos a mi. Pues fuimos juntos y lo cambiamos por uno de mi gusto.  Un Time Force de marco y pulsera marrón, es uno de los que más quiero y uso más cotidianamente .
Una mañana de un invierno exquisito en Madrid, con mi gran amiga Pilar, pasamos por la tienda Muji de Fuencarral, entramos a deleitarnos del gusto y sencillez del diseño Japonés  y vi allí un reloj brutalmente simple: Pulsera negra de vinilo, marco redondo gris mate y en el lugar de los números, ligerísimas estelas grises mate.  Minutero y horero, lineas de ida y vuelta en negro de un grosor casi imperceptible, como un cabello.  Cuando lo vi, le dije a Pilar: !!mira un reloj de arquitecto!!Pilar hizo un comentario tan fino como solo ella los tiene y supe que terminaría comprando.
Y así uno a uno han ido llegando por distintas vías uno tras otro que para mi tienen significado y significante a manera de nombre y apellido.
 
El de Leonardo da Vinci, sencillo, con su rostro y camina en sentido anti horario. ¿a lo mejor mi vocación?
Un Coronel Tapioca, que llegó a mi un día de aventura total, ¿a lo mejor la necesidad de encontrar un norte?
Un Polar con pulsómetro, el compañero de aventuras de bicicleta ¿tal vez un símbolo de mi salud?
Un Massimo Dutti, el que más me gusta, ¿a lo mejor mi ego, mi autoestima, mi cariño por mi mismo?
y así...
No son muchos, no son valiosos, pero para mi se han convertido en un oráculo, más ahora que los he dejado hablar o he aprendido a escucharlos.
Ayer al momento de meterme a la ducha me saqué el que llevaba puesto y caí en la cuenta de que se había detenido.  Luego de ducharme y sortear el cambio, me fijé que por primera vez tenía más de uno parado y por distintas razones...pretextos más bien, los había dejado así.  Hoy sé que cada uno me ha dado su mensaje..y afortunadamente me apetece abrir las orejas y escucharlos:
El tan preciado regalo de mi padre, hace casi dos años que lo lo pongo en marcha, ha tenido varias averías y luego de gastar en sus reparaciones, me cansé y ahora yace en el fondo del cajón de mi mesa de noche, lo limpio, lo saco de vez en cuando, lo mimo, pero lo dejo ahí, como si de una identidad primigenia se tratara.
Hay varios más que casi no los uso, simplemente porque no me apetece, porque creo que deben estar ahí guardados siendo a la vez parte de mi.  El Polar, mi salud va fenomenal y está siempre listo y dispuesto para un esfuerzo. 
Hoy le he cambiado de pila al de mi gusto, al que creo que hoy debo usarlo. ¿a que no adivinan cual es?.
Dos meses más tarde de la publicación de este post, he querido entrar a re-editarlo y contar que hace más de dos semanas que no uso reloj...aún no lo entiendo.









jueves, 12 de enero de 2012

Mudando de PIEL

Lo que voy a contar no es un verso, ni quimera, es la realidad de ayer en la tarde-noche, a lo mejor es una fabula mía, pero como tal, es REAL.
He pasado varios días, casi desde que cambio el año, pensando, creyendo...convenciéndome, de que algo venía, algo terminaba, algo moría y algo estaba naciendo.  No tenía muy claro que pero como tantas otras veces he comentido el errror de querer encontrarlo, definirlo y catalogarlo.  De pronto una suerte de ataque de cordura me ha llevado a tratar de escuchar a mi interior.  
Intenté olvidar las categorías, la taxonomía y hacer un ejercicio de percepciones, intenté sentir y guiarme por mi intuición. El resultado: ayer cogí mi bicicleta, usé cualquier pretexto y salí de casa, dejé que el viento me atropellara y me encontré con el Mar.
Recordé que mi compañera, cuando le alejé de su mediterráneo, me pidió prometerme que le ayudaría a que vea el mar por lo menos una vez al año.  No le entendí mucho, entonces, pero se lo cumplí y con creces, porque subimos a océano.
Recordé que conozco un querido surfero, que ahora vive en Madrid, porque tiene alma cosmopolita y como no se atreve con el manzanares, cuando está aquí, "va a ver el mar"  
Recordé a Francisca, "la niña pancha" de LA TIGRA, cuando siente el llamado de la selva.
recordé que durante todo este tiempo de Mutación, una de los pesos mas grandes ha sido la ausencia de "mis montañas", el entorno que probablemente era el icono de mi territorialidad, es decir el suelo de mi identidad.
Pues ayer, quise, necesité, ver el mar, y con ello creo que me he graduado de AQUÍ, dejando un Allá, en el interior de mis experiencias.
No contento con eso, y sobre mi bicicleta, sentí que ese llamado que tenía dentro, era a todos mis sentidos.  Era una llamada del territorio a mis percepciones y una necesidad de probar mi pertenencia.  Estaba atardeciendo y pronto obscureció, justo en el momento en que al meterme en mi pequeña ruta, empece a sudar y aventurarme en medio de la penumbra de una noche de luna por los caminos del cabo, entre rocas, calas, algo de arena y un poco de  arbustos, sentí o me dejé llevar por los senderos, como intentando probar hasta donde llegaba mi percepción de la sinuosidad de cada sendero, de cada calita.
Cuando terminé, intacto, sin caídas y seguro de que era así porque hoy es ese mi camino, me detuve y quise grabar el sonido del mar, más que en un dispositivo, dentro mio, que creo que es el sonido que hoy llevo dentro.



Este creo que es uno de los post más íntimos que he hecho, sepan guardarlo o compartirlo, según su interior.

sábado, 27 de noviembre de 2010

entre películas e identidad

A principio de los ochentas, cuando estaba a punto de estrenarme de adolescente, vi también como se estrenaba, quien luego sería un buen representante de la Música latinoamericana, concretamente cantado los "clásicos de la provincia" del maravilloso Rafael Escalona. Carlos vives, que posteriormente también vería como moría su figura en el obscurisisimo mundo del Pop, y quien encarnaría en su primera serie televisiva a "gallito Ramírez" junto a Margarita Rosa de Francisco, uno de mis primeros amores platónicos de esos que uno de adolescente cree que al día siguiente se lo encontrará en la calle. Pero No. Al que me encontré al día siguiente fue al mismo Carlos Vives y no precisamente en la calle sino en una de la que considero de las mejor películas que he visto en mi vida. Se trata de "La Estrategia del Caracol"exactamente en 1993 dirigida por Sergio Cabrera. Una historia totalmente cotidiana y popular, intima y profunda, acerca de un símbolo.


LA CASA, el sitio de vivir y de dormir, el sitio de dejarse rodear por los vecinos, íntimos de amores y odios, pero sobre todo del sentimiento más cotidiano de vivir en sociedad, el sentimiento probablemente más político y humano a la vez. La solidaridad. ¿Hasta donde puede llegar la solidaridad de los vecinos? Pues hasta llevarse la casa, mudarse con la casa puesta, que finalmente es la realidad, porque algo que es realmente muy difícil, es quitarle el sentido de pertenencia de territorio a las personas que lo tienen, claro. Y así mismo, una de las mejores estrategias para tener una población débil, es no permitir que tengan más sentido de territorialidad que unos cuantos metros.

Unos cuantos años después vendría "En Construcción" de José Luis Guerín,gran documento de alta sensibilidad acerca de la destrucción de la identidad territorial.

Explícitamente como el cuchillo potente y poderoso de la intervención inmobiliaria irracional penetra como un cuchillo asesino en la gran urbe consolidada y el proceso de unas muertes y el nacimiento de otros procesos. La superposición de eventos urbanos que construyen una ciudad "contemporánea"...gran sensibilidad y una particular velocidad de contar la cuestión enlazando eventos sueltos en montones de historias que se pueden tejer en la memoria de cualquier espectador, a través de contarte solo una.



Finalmente el otro día vi una película ligera, con un trasfondo entre lineas de mucha potencia. Para que no me olvides, la historia de un muchacho que siendo estudiante de Arquitectura, ayudaba a una familia de escasos recursos a poner en valor legalmente una casa patrimonial que la presión inmobiliaria trataba de comérsela. Finalmente una vez muerto el chico (por accidente de bicicleta) se puede saber que realmente lo que el protegía no era el patrimonio en sí, sino que en esa casa había vivido su abuelo (Fernando Fernán Gómez) quien al empezar con rasgos de demencia senil y olvidos, cuanta las historias al chico quien las escribe minuciosamente en cuadernos...que realmente serían el instrumento para reconocer la casa y así salvaguardar la memoria espacial.
¿qué nos queda si nos quitan la memoria?
¿qué nos queda si nos quitan el sentido de pertenencia territorial?
creo que esto tiene mucho que ver con la IDENTIDAD.